Textos de marco

Las ciudades rebeldes tras el 26J

Esto no es un análisis postelectoral al uso. Se han escrito ya muchísimos artículos sobre las causas de esa “fuga” de un millón y pico de votos que antes tenía Unidos Podemos, mayoritariamente pasando al abstencionismo este 26J. Algunos, centrándose en puro análisis de resultados; otros, proclamando un fracaso que venía siendo anunciado; otros, analizando el miedo y el no haber podido generar ilusión, y otros, mostrando su estupefacción ante el comportamiento electoral apoyando, no más, pero tampoco menos, al bipartidismo imputado del régimen del 78. Muchas plumas, en general masculinas y con muchas certezas, que no osaban asomar justo unos días antes, han determinado las causas, todas sumatorias, de las expectativas no cumplidas.

Aun así, hay algo en todos esos artículos que no satisface. Una sensación de mensajes ya escuchados, algunos en otras épocas, otros recientemente (sobre todo de ataques entre unas y otras facciones), un incipiente olor a vieja política que llevó, intuimos, a mucha gente a no implicarse como se implicaron, por ejemplo, en las pasadas municipales. Y desde luego los ojos estupefactos cual emoticono de WhatsApp (o Telegram) de las consultoras y sus predicciones, incluido el CIS, deducimos que todavía no se han cerrado, mientras repasan sus tablas y ponderaciones.

Pero sí es necesario que pensemos juntos y juntas qué nos ha llevado hasta aquí, cómo se ganaron las ciudades y se consiguieron esas herramientas, qué nos puso sobre la pista de una victoria imparable a nivel estatal, en tan poco tiempo, con tanto en contra: nada menos que una cultura política con fuerte arraigo que se ha puesto a mutar desde el 15M (nuestro chupinazo particular) y que experimenta, y lo sigue haciendo, con diversas herramientas: desobediencia civil, iniciativas legislativas populares, asociaciones, movimientos de barrio, centros sociales, candidaturas ciudadanas, un partido, etc. Muchas ya existían antes en su denominación pero no en su forma. Repetimos: seguimos experimentando. Y no paremos nunca.

En todo este panorama cambiante, emocionante, histórico (aunque ahora no sepamos dotar de contenido a ese adjetivo, como es lógico), los contextos municipales, el poder local, las instituciones conquistadas, en proyecto de cambio, recién llegadas, tienen mucho que contarnos sobre qué está pasando. Y también sobre qué no está pasando.

Vallecas-CC-by-Metro-Centric

Foto CC-by-Metro-Centric

De las municipales a las estatales

Una de las cosas más curiosas que pasó tras la trepidante campaña a las municipales de 2015 es que casi cualquier persona que participó de algún modo en la campaña se sintió la clave del éxito. Sintió que en ese sprint final su aportación fue la gota que colmó el vaso del entusiasmo y la movilización.

En aquellos días se podía escuchar a las personas que participaban en redes sociales decir lo importante que habían sido aquellos mensajes frescos e irreverentes en la cuenta de Twitter de Ahora Madrid, a las y los artistas que se movilizaron en Madrid con Manuela o el Movimiento de Liberación Gráfica de Madrid explicar que la clave del éxito vino de allí, de llenar la campaña de la belleza de los dibujos y las ilustraciones espontáneas. Se escuchaba a las personas provenientes de los movimientos sociales y al resto de la ciudadanía contar ese boca a boca que llevó a Ahora Madrid hasta la última esquina de la ciudad. La lista podría completarse con otros muchos ejemplos. Lo mejor de todo eso es que todo el mundo tenía razón.

Tras las elecciones generales de junio de 2016 vemos cómo corremos el riesgo de adolecer de lo contrario, es decir, la responsabilidad definitiva, la que ha llevado a una caída de más de un millón de votos en todo el Estado respecto del 20D es siempre del otro: del pacto con IU, de la ambigüedad y transversalidad de Podemos, de no haber aceptado los intentos de formación de gobierno de corte más bien continuista tras los comicios de diciembre, de que se haya desmovilizado la gente, del sorprendente Brexit, de que Manuela no hizo campaña y de que no se está haciendo los suficiente en los ayuntamientos del cambio. Una vez más, probablemente, todos y todas tengan razón, en alguna medida.

Llegamos a las instituciones en muchos casos desde experiencias de solidaridad, y desobediencia, experiencias que, como se comentaba en este artículo, hacen política con p minúscula, muy necesaria, imprescindible. En oposición a los grandes movimientos tácticos y dialécticos, existe una política cercana que transforma la vida de las comunidades, con ellas mismas. De ese hacer político está mucho más cerca el poder local que el estatal. Podríamos incluso confrontar la real politik con la gran politik.

Es importante que, después de todos esos análisis, seamos capaces de hacer autocrítica. Es una obligación con gusto. Concebimos la institución como una herramienta que asaltar, a combinar con el resto de herramientas con las que veníamos trabajando. Se trataba, y se trata, de pervertirla y transformarla en algo al servicio de la gente y el ejercicio de sus derechos, cercenados continuamente. Tener un nuevo altavoz, más recursos y otro espacio desde el que enunciar luchas y críticas y transformar realidades injustas, desde el que hacer esa gran politik. En cambio nos encontramos con una institución antisocial, competitiva e individualista, masculinizada en sus maneras y rígida en sus formas hasta niveles desesperantes. Sabíamos que el cambio iba a ser lento y complejo, pero no sabíamos cuánto. Visibilizar esas dificultades y ponerlas encima de la mesa, saber comunicarlas, es fundamental para entender la caída en votos en nuestras ciudades. Hay una parte de la ciencia política que siempre se ha empeñado en explicar todo lo político a partir del comportamiento electoral. Sería interesante realizar el camino a la inversa: qué de lo político explica el comportamiento electoral. Aquí las recién llegadas a la política local tendremos que mirarnos al espejo e intentar localizar en qué se está fallando. La realidad es que en un año muchas de las expectativas que nos marcamos al iniciar esta empresa no las hemos podido materializar y tampoco hemos sabido explicar por qué no se han podido llevar a cabo. Es una autocrítica sin dramatismos, al revés, con ganas. Es fundamental hacérnosla de manera colectiva para no perder de vista el objetivo general que nos trajo a estas latitudes: la transformación de nuestras ciudades.

Queremos recordarnos que tenemos tiempo. Tiempo en el que lo que suceda en lo estatal seguro seguirá atravesando lo municipal: desde la formación del próximo gobierno hasta las imposiciones desde Europa para aplicar recortes, momentos políticos fundamentales para realizar posicionamientos y políticas desde las ciudades. De lo que se deriva el otro gran reto que tenemos: que seamos ahora desde lo municipal cada vez más capaces de atravesar lo estatal, siendo un ejemplo de cambio real, proponiendo alternativas de gobernanza, políticas públicas transformadoras y resistentes al sistema neoliberal.

Todo esto es una reflexión que no parte de ansias electorales, bien al revés. Nace de una pulsión por entender el poder local, de las ganas de transformarlo para cambiar las ciudades; lo electoral es simplemente uno de los cómos. Los análisis e hipótesis que se centren solamente en los períodos electorales serán pobres y de corto recorrido.

Una herramienta

Otra de las alertas que es necesario activar en el movimiento municipalista es la pérdida de ilusión. Supimos movilizarnos durante períodos electorales, en oposición a un régimen corrupto y que dejaba, ya de manera ostentosa, a la mayoría social fuera del radar de las políticas públicas, pagando los platos rotos del sistema financiero y sin disminuir, incluso aumentando, los beneficios de las grandes empresas, mientras aplicaban ERE o mientras los bancos eran rescatados. Esa realidad, en combinación con el 15M y muchos otros factores, desembocó en el llamado asalto institucional.

El propio nombre de las organizaciones municipalistas es ilustrativo al respecto: Ganemos. Queríamos ganar, queríamos asaltar, y lo hemos hecho. Ahora se trata de transformar ese concepto, una vez la prueba electoral ha sido “superada”: ¿qué queremos ganar ahora?

En este punto es importante ajustar esas expectativas que se generaron desde lo electoral y ponerlas a la altura de las instituciones que, en el fondo, son una herramienta más; como lo son una asamblea de barrio, una organización que trabaja a favor del derecho a la vivienda o un colectivo de lucha antifronteras. Esto es fundamental para no perder las ganas, la sonrisa (esa que dijimos que no nos quitarían), para no dejarnos la piel en frustraciones sobre las barreras que nos hemos encontrado dentro.

Debatir de manera transparente sería un primer paso, en foros abiertos. Temas como la tensión entre democracia y el secuestro de los espacios de decisión; entre información, transparencia y responsabilidad. Volver a encontrar las soluciones juntas, como siempre lo hemos hecho. La única diferencia es que ahora tenemos una herramienta más, un espacio más, un nuevo abanico de recursos.

Saber contar la institución es también fundamental: las barreras, los pequeños éxitos cotidianos, las negociaciones, la toma de decisiones, la rigidez de los procedimientos y un largo etcétera que es necesario socializar. No solamente por una cuestión de transparencia, que es un imperativo, sino también por un objetivo que debe estar presente en todo este camino: diseminación del poder, es decir, su redistribución, y, en consecuencia, también la responsabilidad. La información es poder y el poder permite tomar decisiones. Es necesaria una revisión al completo sobre esa apertura, una apertura que no debe ser paternalista ni menorizante de los movimientos sociales ni de la ciudadanía, sino responsable y transformadora.

En definitiva se trata de realizar una transformación real, paulatina, dentro y fuera (y en cualquiera de las posiciones intermedias), desde lo local. Hagámonos fuertes en las ciudades, mazos de vanguardia y de retaguardia al mismo tiempo, cercanas a la ciudadanía. Intentar, fallar, seguir, fuera y dentro, todas juntas: eso es ganar. Podríamos mirarnos de soslayo y con gesto irónico e inteligente decirnos “que las elecciones no nos quiten la sonrisa”. Queda mucho por hacer.

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Alejandra Calvo es integrante de la Mesa Coordinadora de Ahora Madrid.
Carolina Pulido Castro es integrante de la Asamblea Ahora Feminismos y de la Mesa Coordinadora de Ahora Madrid.
Alberto Abellán Gavela es integrante de la asamblea de comunicación de Ahora Madrid.

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Texto publicado en CTXT http://ctxt.es/es/20160727/Firmas/7404/elecciones-26j-ciudades.htm